Un abrazo pintado de espuma.

Cada año, en las calles de Pasto, no solo se celebra una fiesta. Se honra la historia, la cultura y el alma de un pueblo que no olvida sus raíces. El Carnaval de Negros y Blancos no es solo espuma y color, es memoria viva y alegría hecha resistencia.

Desde pequeña veía a mi familia alistarse con emoción: los disfraces, la pintura, la espuma. Pero ahora entiendo que el carnaval va más allá. Es una forma de sanar, de encontrarnos, de sentirnos iguales al pintarnos de negro o de blanco.

Cada carroza, cada baile, tiene detrás trabajo, amor y mucha historia. Ver al pueblo unido, bailando, cantando, recordando, es ver cómo la cultura transforma el dolor en arte. Es una forma de decir “seguimos aquí”.

El carnaval me enseñó que incluso en medio de la tristeza, siempre hay algo que nos hace sonreír. A veces solo necesitamos eso: ver a otros bailar para que también se nos despierte el alma.

Celebrar es también resistir. El Carnaval es un grito de vida, una forma de abrazarnos a través del arte. Es el reflejo de un pueblo que, a pesar de todo, sigue creyendo en la alegría.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.