Desde pequeños nos dicen que crecer es emocionante: más libertad, decisiones propias, independencia. Pero lo que casi nunca te dicen es que también puede ser confuso, solitario y un poco aterrador. No hay una alarma que te avise cuando estás cambiando, pero lo sientes. Crecer se parece más a perder piezas de ti para crear una nueva versión, y ese proceso puede ser confuso.
Una de las cosas más confusas del crecimiento es que no sucede de golpe. Va llegando poco a poco: cuando dejas de hablar con alguien, cuando ya no te sientes cómodo en ciertos lugares, cuando tu canción favorita ya no te representa. Cambiar no siempre es evidente, pero lo notas en lo que eliges, en lo que ya no toleras, en lo que ahora te importa.
No todo tiene que resolverse ya
Hay presión por saber qué estudiar, quién ser, cómo comportarte. Pero nadie te dice que está bien no tenerlo todo claro. Crecer también es aprender a tener paciencia contigo mismo. Muchas veces sentimos que a cierta edad ya deberíamos tener claro qué queremos ser, con quién queremos estar o cómo se ve nuestro futuro. Pero la verdad es que la mayoría está igual de perdida. Crecer también es aceptar que no hay un solo camino correcto y que cambiar de dirección no es fracasar, sino aprender.
Crecer no es llegar a una meta, es un camino que se construye día a día. Aunque a veces duela, también te transforma. Lo importante no es tener todas las respuestas, sino seguir buscando con el corazón abierto.
No te juzgues si a veces te sientes perdido. Habla, escribe, respira, pide ayuda. Estás creciendo, y eso ya es suficiente. Crecer es reconocerte en el espejo y decidir cada día seguir construyéndote, incluso con dudas. Es aprender a quererte sin filtros, a comenzar de nuevo sin miedo y a mirar al pasado con ternura.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.