Aprendí a querer lo que un día quise cambiar
Durante mucho tiempo no supe qué hacer con mi cabello. Tenía rizos, pero no los entendía. A veces se enredaban, a veces no se veían como en los comerciales, y eso me hacía sentir insegura. Cuando era más pequeña, pensaba que solo el cabello liso era bonito, porque era lo que todos admiraban.
Con el tiempo, fui aprendiendo poco a poco. Empecé a cuidarlos, a entenderlos, a probar productos, a ver vídeos, y sobre todo, a tener paciencia. Mis rizos no eran un problema, solo necesitaban amor y tiempo. Cuando comencé a ver su forma real, su brillo, su movimiento, sentí algo que nunca había sentido: orgullo.
Lo que antes me incomodaba, ahora me representa
Ahora cada vez que me veo al espejo, no me imagino sin ellos. Mis rizos son parte de mí, y no los cambiaría. Me enseñaron paciencia, aceptación y a quererme más. Lo que antes escondía, hoy lo muestro con orgullo.
Y aunque todavía hay días difíciles, aprendí que lo importante no es que siempre estén perfectos, sino que reflejan quién soy: natural, libre y auténtica. Hoy me gusta verlos moverse con el viento, brillar con el sol o simplemente ser lo que son, sin necesidad de que todos los entiendan. Porque al final, aceptarme como soy me dio una libertad que no cambio por nada.

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